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Fuentes de la investigación judicial por "homicidio involuntario y heridas causadas involuntariamente", a cargo de la gendarmería especializada y dirigida por tres jueces de instrucción, indicaron a este diario que el cadáver de José Marín "permaneció en el interior del hangar más de 48 horas (hasta el miércoles por la noche), con la metralla radiactiva en el cuerpo".

Confirmaron que el cadáver fue extraído por gendarmes de unidades NRBC de París y Marsella, y que se obtuvo autorización de la Fiscalía para no proceder a la autopsia.

El segundo secreto reside en el cuerpo del herido grave, un joven trabajador de la planta que también se llevó el impacto, aunque menos directo y menos masivo, de la metralla en fusión a 1.300 grados.

Se encuentra entre la vida y la muerte, con quemaduras de tercer grado en el 85% de su cuerpo.

Fue extraído del hangar el lunes por , y que no pudo rescatar entonces al fallecido.

El joven, en estado crítico, fue trasladado de inmediato a la unidad especializada del Centro Hospitalario Universitario de la vecina Montpellier.

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En el caso de que la publicación de algún material pudiera lesionar derechos de autor, pido por favor ser notificado por correo electrónico ubicado en la parte superior para su inmediata remoción sobre el terreno lo que ocurre es exactamente lo contrario: la familia no ha podido ni acercarse al cadáver irradiado del empleado que falleció en el accidente, al que no se ha hecho autopsia; el ataúd que velaron sus familiares y amigos y que fue sepultado ayer llevaba un blindaje interno antirradiactivo; y al hangar accidentado, hoy precintado, sólo entran gendarmes especializados con las combinaciones de protección.

Ayer se celebraron en el municipio de Chusclan, los funerales en memoria de José Marín, el empleado de 51 años y de origen español que falleció en el acto al estallarle de lleno, el lunes, lo que el fiscal del caso ha calificado de "": cuatro toneladas de chatarra radiactiva en fusión que estallaron en el horno de la firma Socodei, la filial de EDF que opera la planta Centraco, unidad de incineración, fusión y acondicionamiento de desechos de Marcoule.

El Gobierno francés y EDF, amparándose en mediciones efectuadas en torno a la central, han afirmado que no hay radiactividad en la zona, e incluso han defendido públicamente la idea de que no se puede hablar, ni siquiera, de accidente nuclear.

Pero la gente de esta región no está de acuerdo con la versión oficial.

Los habitantes de esta zona llevan 50 años hablando de puertas adentro y en familia de los casos de cáncer entre profesionales del complejo y de los riesgos de la radiación. Incluidos los gendarmes locales, con los que pudo conversar esta semana.